Cómo ayudar a una persona deprimida

Según la OMS, la depresión es la principal causa de discapacidad en el mundo entero. Según esta organización, una de cada cinco personas desarrollará un cuadro depresivo en algún momento de su vida. La enfermedad afecta hasta dos veces más a las mujeres que a los hombres, siendo el rango de edad entre 35 y 45 años donde se da con más frecuencia. Sin embargo, también es preocupante el aumento de la incidencia de la depresión entre los jóvenes.

 

La depresión es una enfermedad que se caracteriza por un estado de tristeza, visión negativa de uno mismo y de los demás, ralentización intelectual y física y falta de motivación. También son frecuentes los trastornos del sueño, e apetito y la capacidad de concentración. No debemos confundir la depresión con un estado común de tristeza. Un simple estado de tristeza está relacionado con algún hecho concreto y suele tener una corta duración. La depresión, en cambio, es un estado duradero que afecta a todas las esferas de la vida del paciente.

 

La convivencia con una persona deprimida puede ser también frustrante y desesperante. Considerar a la persona deprimida como lo que es, un enfermo, nos llevará a que tengamos la necesaria empatía, paciencia y comprensión con él. Debemos tener sumo cuidado de no culpabilizar al paciente ni jugarlo como una persona sin fuerza de voluntad.  Veamos algunas reglas que debemos seguir para tratar de ayudar a personas deprimidas.

 

 

  • No insistir con preguntas como “Por qué estas así? o ¿Por qué estás tan triste?. La persona deprimida no conoce la respuestas a esas preguntas ni sabe por qué está triste. Las preguntas de este tipo tan solo contribuyen a que el paciente se sienta peor.

 

  • No buscar una relación causa-efecto. Es tentador para las personas cercanas al deprimido culpar un problema o situación cercana en el tiempo, a fin de encontrar una explicación para la tristeza del paciente. Ese aparente motivo de la depresión no es la causa verdadera, ya que la causal real de la depresión es la propia enfermedad.

 

  • No insistir en convencer al paciente para que haga o piense determinadas cosas. Es frecuente que la familia o amigos de la persona deprimida intenten convencerla de lo irracional o desproporcionado de sus pensamientos o temores. Esto es inútil, ya que la depresión es un problema emocional inmune a los razonamientos lógicos , por lo que solo contribuiríamos a la desesperación del paciente.

 

  • No enfadarse con la persona deprimida. No olvides que el paciente no está en ese estado por voluntad propia. Cuando se convive un tiempo con un depresivo es fácil caer en hacerle reproches o recriminarle que no pone suficiente de su parte. Lógicamente, esta culpabilización solo empeora las cosas.

 

  • No agobiar al paciente con actividades no deseadas. Una persona deprimida no tiene apenas energía y sufre además una incapacidad de disfrutar de nada. Si bien los familiares o amigos pueden sugerirle cosas, no hay que presionarle ni agobiarle para que realice cosas o se distraiga. Forzarle a hacer cosas no tiene un efecto positivo en las depresiones graves.

 

  • Mantener el cariño y la atención al paciente, sin insistirle de forma reiterativa ni tampoco dejándose esclavizar por él. El contacto frecuente con una persona deprimida es también devastador anímicamente.

 

  • Convencer a la persona deprimida para acudir a un psicólogo o psiquiatra. A mayor prontitud del tratamiento, mejor pronóstico de la enfermedad.

 

  • Evitar la automedicación.

 

Indiscutiblemente, la mejor ayuda que podemos brindar a la persona deprimida es asegurarse de que siga el tratamiento médico y psicológico adecuado. La psicología positiva ofrece tratamientos tan efectivos como la psicoterapia positiva, la cual, a diferencia de los tratamientos estándar, se basa en intervenciones que potencian las emociones positivas. El tratamiento de la depresión no debe limitarse solo a la reducción de emociones y conductas negativas (tristeza, pasividad, apatía…), sino que ha de fomentar las emociones positivas como la ilusión, la alegría o la motivación.

 


Referencias bibliográficas

 

Vallejo Nágera, Juan. Ante la depresión. Todo lo que hay que saber sobre la enfermedad de nuestro tiempo. Planeta, 2001.

 

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