Cómo salir de tu zona de confort

Continuamente nos estamos poniendo límites: con nuestros pensamientos, con nuestras palabras y con nuestras acciones. Nuestra zona de confort, a la que pertenecen nuestros hábitos y rutinas, son los límites que le hemos puesto a nuestra vida, una zona que sentimos como cómoda simplemente porque nos es familiar. Cada vez que nos adentramos en nuevos e ignotos territorios, sentimos ansiedad, pero es un tipo de ansiedad natural que debemos abrazar, ya que esto significa que estamos intentando algo nuevo, que estamos abandonando los viejos hábitos. Esa ansiedad es la resistencia de los viejos pensamientos a morir. Por el contrario, la permanencia en la zona de confort contribuye a la depresión, porque es una burbuja protectora donde nos sentimos seguros, pero también muy claustrofóbica.

 

Exponernos a nuevas experiencias nos hará conocernos mejor a nosotros mismos, de lo que nos gusta y de cómo actuamos como abordamos nuevas situaciones. Las nuevas experiencias nos enriquecerán, hará que aprendamos nuestros errores y favorecerá nuestra resiliencia y autoconfianza. Nunca conocerás tu verdadero potencial si no abandonas de vez en cuando la zona de confort.

 

Cuando te sientes aburrido, permanentemente cansado, apático, insatisfecho, hastiado o infeliz, si amenudo sueñas despierto con una nueva y mejor vida, probablemente llevas demasiado tiempo confinado en los límites de tu zona de confort. Veamos a continuación algunas acciones  prácticas para expandir los límites que nuestros propios pensamientos nos imponen:

 

  • Para motivarte, escribe una lista con todas las cosas que has realizado en el pasado y te han salido bien. Piensa en lo bien que te sentiste entonces.
  • Rompe alguno de tus hábitos rutinarios, hazlo de otra manera. Quizás encuentres una forma mejor de hacer lo que has hecho siempre: usa nuevos materiales para tu trabajo, nuevo software en tu ordenador, nuevos ingredientes para cocinar…
  • Comienza a realizar, al menos durante una hora diaria, alguna actividad que nunca hayas realizado antes: cocinar, tomar fotografías, aprender a tocar un instrumento musical, dibujar, pintar, escribir, leer una novela de un género que nunca hayas tocado, aprender un nuevo idioma, practicar un nuevo deporte, etc.
  • Comienza a introducir de manera paulatina cambios más saludables en tu dieta: reduce o elimina la ingesta de alcohol o cafeína, toma más frutas y verduras, si fumas, reduce tu cantidad diaria de cigarrillos y comienza a elaborar un plan para dejarlo.
  • Si eres una persona sedentaria, comienza a realizar algún tipo de actividad física. Algo tan simple como un paseo a ritmo moderado o vigoroso puede servirte.
  • Prueba alguna comida o bebida de un país o una cultura diferente.
  • Si puedes, viaja a algún sitio nuevo que te haga ilusión conocer. Visitar nuevos lugares -no hace falta que sean muy lejanos- es una de las mejores formas de expandir tus límites.
  • Llama a ese amigo o amigo con el que hace tiempo que no hablas.
  • Puede que no te atrevas a dejar esa relación tóxica, pero quizás es el momento de hacerlo.
  • Haz trabajo de voluntariado.

 

La zona de confort limita nuestras experiencias vitales; sin embargo, cualquier cambio que hagas en tu vida, ha de ser realizado en pequeños pasos, hasta alcanzar los que algunos psicólogos han denominado la zona de ansiedad óptima. Intenta cada día romper un poco más los límites de tu pensamiento, los límites de lo viejo.

 

Cómo salir de tu zona de confort
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